Por Palemón Vargas Hernández
-Te digo mi hijo. ¿A quién tenemos que agradecer por todo lo que hemos aprendido y que nos ha orientado para despertar y desenvolvernos en los caminos de la vida del pueblo? Aquí, en esta tierra, enraizando el corazón. Tú y yo lo sabemos que en la escuela no se aprende amar al pueblo. Antes, mejor se menosprecia la cultura, la lengua, la costumbre, la espiritualidad… Lo que sabemos, lo aprendemos de la familia, de los vecinos y sobre todo con la participación de nosotros en las actividades del pueblo, que desde pequeños comenzamos: en el tequio, en las fiestas, en la organización cívica, política, religiosa y productiva, conforme crecemos.
Con los sentidos y la curiosidad que la naturaleza nos regala, hemos aprendido a contemplar el amanecer y el ocaso del sol, sentir y emocionarnos con la música de la lluvia, el resplandor del horizonte, el perfumen de las flores y el multicolor jiloteo del maíz, referente viviente de nuestra historia, que nunca nos abandona porque es parte de nuestra esencia. Es la sangre y sostén de la vida presente y, símbolo de la espiritualidad histórica, que se levanta imponente en el cempoaltépetl, la montaña sagrada de los ayukjää’y, mansión de Äp konk y Tajëëw
Con la escuela impuesta por el estadio-gobierno, los niños y jóvenes pronto piensan en abandonar su pueblo, olvidarse de su lengua porque es un estorbo para aprender bien el español, dicen.
Parece que la escuela está pensada y diseñada para que abandonemos el pueblo, cuando nosotros esperamos que fomente el despertar y el desenvolvimiento de las potencialidades humanas, a través de la creatividad y la inventiva de los niños y jóvenes de los pueblos..
Los abuelos creyeron que yendo a la escuela era para que sus hijos amaran su comunidad, viviendo con más intensidad los valores del pueblo.
Lo que somos lo aprendimos en los propios espacios de la vida, con la vida y para la vida de la comunidad, desde la familia y luego en la comunidad, participando en cada trabajo-tequio.
La educación para nosotros tiene que partir de nuestro pensamiento y de nuestra realidad..
Por eso preguntamos ¿A quién tenemos que agradecer por todo lo que sabemos de la vida en comunidad?






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