II
¡Madre tierra!
¿Acaso te faltó planear que serían tus enemigos?
¿Acaso son más inteligentes que tú: cuando dependemos de ti?
Pero quieren retacarnos de basura nuestra conciencia
Cuando la inocencia del alma desde hace tiempo que se mancilló.
¡Madre tierra!
¿Sabes, humillándonos acechan a nuestros antepasados?
Los abuelos que inculcaron hacia ti
el respeto y la humildad de iguales.
Somos pueblos que viven horizontes en las raíces
en las montañas y en los cielos que guardan
los secretos y designios de la vida,
El fulgor cadencioso de la cultura de los abuelos,
Que envuelven su cosmogonía
en los vientos, rayos y truenos
Que enraízan profundamente la vida, la fiesta
y el pensamiento digno, que son los nuestros
¡Jamás de ellos!.
Pero hoy-¡Oh Madre tierra!- te desvisten.
Te convierten en mercancía junto con nosotros:
y la aurora del maíz que resplandece nuestra existencia
cada vez amenazan robarlo, sin darnos cuenta,
creyendo que es el nuestro.
¡Madre tierra!
Nos encandilan con su ciencia para ser mendigos
Y llenar sus prostíbulos en las ciudades desalmadas
Perdiéndonos en las calles, en los basureros,
en los cinturones con abismos de miseria.
Su tecnología de punta de la nariz y de la lengua
Sirven para que haya más hambrientos y miserables
en el mundo que inventan de felicidad chatarra.
¡Madre tierra!,
Quieren quitarnos lo más sublime de la vida,
el cielo, las cordilleras, la sabiduría de los caminos
y el resplandor de las praderas
¡Indios flojos!. ¡Que ignorantes!
Gritan con tanto odio que los carcome
Antes nos arrinconaron en los pedregales y cerros pelones
Porqué en las ciudades dábamos vergüenza, decían.
Ahora, diseñan planes de despojo y de exterminio,
Cortándonos las raíces de la cultura;
prolongando así su vida de rapiña.
Con inteligencia sembraron esas tierras los abuelos
Haciendo muros de vida en cada paso del sol fraterno
Creando el universo, donde descansa la memoria de los pueblos
Cimientos de fortaleza, de identidad eterna de sus hijos.
Sugieren con descaro, que trabajando en sus empresas
llega la felicidad para olvidarnos de ser pobres.
Convirtiéndonos en sus miserables paranoicos;
en el paraíso falso de su civilización prostituida.
¡Madre tierra! ¡Padre sol!
Eternamente contigo la vida y el corazón
El grito surca el cielo del pensamiento nuestro
Que destella la conciencia el sendero eterno
Del yo soy vida plena, en comunidad. perenne
En sus plegarias los abuelos dicen
¡Son tus hermanos los seres del planeta!
El don más preciado: la inteligencia, hoy sirve más
para destruirte y no amarte junto con el corazón.
¡Madre tierra!
¿Acaso te faltó planear que serían tus enemigos?
¿Acaso son más inteligentes que tú: cuando dependemos de ti?
Pero quieren retacarnos de basura nuestra conciencia
Cuando la inocencia del alma desde hace tiempo que se mancilló.
¡Madre tierra!
¿Sabes, humillándonos acechan a nuestros antepasados?
Los abuelos que inculcaron hacia ti
el respeto y la humildad de iguales.
Somos pueblos que viven horizontes en las raíces
en las montañas y en los cielos que guardan
los secretos y designios de la vida,
El fulgor cadencioso de la cultura de los abuelos,
Que envuelven su cosmogonía
en los vientos, rayos y truenos
Que enraízan profundamente la vida, la fiesta
y el pensamiento digno, que son los nuestros
¡Jamás de ellos!.
Pero hoy-¡Oh Madre tierra!- te desvisten.
Te convierten en mercancía junto con nosotros:
y la aurora del maíz que resplandece nuestra existencia
cada vez amenazan robarlo, sin darnos cuenta,
creyendo que es el nuestro.
¡Madre tierra!
Nos encandilan con su ciencia para ser mendigos
Y llenar sus prostíbulos en las ciudades desalmadas
Perdiéndonos en las calles, en los basureros,
en los cinturones con abismos de miseria.
Su tecnología de punta de la nariz y de la lengua
Sirven para que haya más hambrientos y miserables
en el mundo que inventan de felicidad chatarra.
¡Madre tierra!,
Quieren quitarnos lo más sublime de la vida,
el cielo, las cordilleras, la sabiduría de los caminos
y el resplandor de las praderas
¡Indios flojos!. ¡Que ignorantes!
Gritan con tanto odio que los carcome
Antes nos arrinconaron en los pedregales y cerros pelones
Porqué en las ciudades dábamos vergüenza, decían.
Ahora, diseñan planes de despojo y de exterminio,
Cortándonos las raíces de la cultura;
prolongando así su vida de rapiña.
Con inteligencia sembraron esas tierras los abuelos
Haciendo muros de vida en cada paso del sol fraterno
Creando el universo, donde descansa la memoria de los pueblos
Cimientos de fortaleza, de identidad eterna de sus hijos.
Sugieren con descaro, que trabajando en sus empresas
llega la felicidad para olvidarnos de ser pobres.
Convirtiéndonos en sus miserables paranoicos;
en el paraíso falso de su civilización prostituida.
¡Madre tierra! ¡Padre sol!
Eternamente contigo la vida y el corazón
El grito surca el cielo del pensamiento nuestro
Que destella la conciencia el sendero eterno
Del yo soy vida plena, en comunidad. perenne
En sus plegarias los abuelos dicen
¡Son tus hermanos los seres del planeta!
El don más preciado: la inteligencia, hoy sirve más
para destruirte y no amarte junto con el corazón.






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